Tras la estela de la Ragazzona y otros pecios históricos en el golfo Ártabro

Bajo el oleaje de las rías de Ferrol, Ares, Betanzos y A Coruña, el fondo marino custodia un tesoro que la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural se ha propuesto delimitar con precisión científica. En marzo se activó una campaña arqueológica submarina de gran calado, una intervención al frente de la que se encuentra el arqueólogo Cristóbal Nodar, de la empresa ArqueoGal, que coordina un operativo en el que colaboran la Xunta, la Armada y la Policía Nacional adscrita de Galicia. El objetivo: «Protexer e conservar o noso legado», defiende el director xeral de Patrimonio Cultural, Ángel Miramontes.

La dependencia de la meteorología dictó que el punto de partida fuese la ensenada de Cariño, en la ría de Ferrol, donde el equipo trabajó en el mes de marzo. Su ubicación, al abrigo del viento del norte y protegida por el puerto exterior, la convirtió en el único enclave viable para iniciar las inmersiones de los diez puntos seleccionados para este proyecto. Allí, los buceadores rastrearon un polígono definido por coordenadas UTM suministrado por la Xunta, realizando barridos visuales y empleando detectores de metales en profundidades que oscilan entre los dos y los siete metros, describe Cristóbal.

Pero, ¿qué es lo que se encontró frente a la playa ferrolana? El equipo ha detectado y señalizado diversas «anomalías» que aún no permiten confirmar la localización del galeón La Ragazzona. Estos hallazgos, detalla, consisten en acumulaciones de piedras y, sobre todo, «concreciones metálicas enterradas bajo la arena» que han hecho saltar los detectores. Estas piezas ya han sido georreferenciadas con el GPS subacuático y documentadas con vídeo y fotografía para proceder a un análisis más exhaustivo que determine si pertenecen realmente a la histórica nave.

La búsqueda en Cariño parte de una premisa distinta a la de hace una década. En el 2013, una campaña liderada por el arqueólogo David Fernández Abella localizó cañones de hierro y un ancla en una zona de rocas, pero los resultados no fueron determinantes. «La artillería no les coincidía con la Ragazzona. Según la documentación analizada por Miguel San Claudio, el barco venía muy dañado desde Illas Sisargas, perdiendo anclas por el camino», relata Nodar. La hipótesis actual sugiere que, si el capitán intentó embarrancar la nave para salvar la carga, el casco podría estar en la zona de arena y no entre las piedras.

Más en La Voz

Meses de espera para sacar el carné de conducir en Galicia

La declaración de la renta llega con subida fiscal a los inversores y más deducciones

Huellas de la Armada Invencible

Conocida como La Ragazzona —La Muchachota, en español—, esta galeaza veneciana de gran porte, perteneciente al italiano Jacome Regazona, fue arrendada por el rey Felipe II para que formara parte de la Armada Invencible. Zarpó de A Coruña el 22 de julio de 1588 y destacaba tanto por su tamaño como por su armamento, ya que contaba con 32 cañones de bronce. Aunque el foco mediático de esta campaña se sitúa sobre el rastro de los vestigios de este navío, Nodar destaca que el encargo es mucho más ambicioso.

El operativo rastreará diez yacimientos submarinos en A Coruña

La intervención en Cariño es solo el primero de diez objetivos estratégicos determinados por la Xunta en los que ArqueoGal debe intervenir. Cristóbal Nodar, arqueólogo y responsable del proyecto, explica que el orden de las bajadas no es fijo, sino que depende de la meteorología.

Si, por ejemplo, el viento soplase del sur, el equipo buscaría refugio en Punta Torrella (Sada), con el fin de localizar una pieza de artillería que fue arrojada al mar desde la antigua batería costera. En cambio, si las condiciones fuesen favorables en zonas más expuestas, se desplazarían hacia Bens, en el límite entre A Coruña y Arteixo, donde se tiene noticia de los restos de un ancla antigua. El despliegue técnico también contempla la inspección del área de Boi de Canto (Oleiros) para documentar el buque conocido popularmente como El Gallego, además de realizar prospecciones en enclaves de Mera, Bufadoiro y el entorno de los bajos rocosos de As Yacentes.

La metodología en estas inmersiones es rigurosa. «Se divide el fondo en calles longitudinales por las que los buzos, en parejas, realizan pasadas siguiendo rumbos paralelos», describe Nodar. Para esta primera intervención, ArqueoGal contó con el apoyo de efectivos de la Unidad de Buceo de la Armada (Ubufer), con base en A Graña (Ferrol), y de agentes del GOAS (Grupo Operativo de Actividades Subacuáticas) de la Policía Autonómica, además del soporte logístico de Gardacostas. A ras de suelo submarino, los arqueólogos buscan «anomalías». «A veces no se ve nada, pero pita el detector. Pueden ser acumulaciones de piedras o una concreción metálica, como un gurruño de metal cubierto por el sedimento», detalla Nodar. Una vez detectadas, se utiliza un GPS subacuático conectado a una boya en superficie para georreferenciarlas.

Por su parte, el director xeral de Patrimonio Cultural, Ángel Miramontes, señala que Galicia es «un exemplo pola riqueza e variedade do patrimonio cultural, e tamén do que está baixo a auga». «Son importantes este tipo de actuacións que nos permiten ampliar o coñecemento que temos sobre fitos históricos e o noso legado subacuático», valora el directivo.

Publicaciones Similares

Deja un comentario