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Enfermedad Descompresiva Aguda (EDA): Situaciones especiales y cómo prevenirlas bajo el agua

El Dr. José Emilio Alonso Lasheras, médico de urgencias e hiperbárico con más de 300 casos atendidos, nos ofrece una guía esencial para comprender la EDA, reconocer sus síntomas a tiempo y evitar factores de riesgo que solemos pasar por alto.

A lo largo de mi trayectoria laboral como médico de urgencias en el Hospital Universitario de Canarias y en su Unidad de Medicina Hiperbárica, he tenido la oportunidad de atender más de 300 casos de Enfermedad Descompresiva Aguda (EDA) desde el año 2009. Es un honor colaborar con la Federación Española de Actividades Subacuáticas (FEDAS) para compartir estos conocimientos y crear un espacio donde abrir debate sobre los aspectos médicos de nuestra pasión común: el buceo.

Para que todos hablemos el mismo idioma, empecemos por definir qué es exactametne la EDA. Se trata de un trastorno agudo producido por la lesión directa o indirecta de las burbujas de nitrógeno que se forman en nuestro organismo como consecuencia de las variaciones de presión a las que nos sometemos. Y no es algo exclusivo del buceo: también puede afectar a trabajadores en ambientes presurizados o a tripulantes e ingenieros en situaciones de descompresión brusca en vuelos.

Sin embargo, en el buceo, la gran diferencia de presiones a la que nos enfrentamos en un espacio de tiempo corto, aunque suficiente, hace que las probabilidades de sufrir una EDA sean mayores que en otras circunstancias.

¿Qué síntomas nos deben poner en alerta?

Clásicamente, la EDA se clasifica en dos tipos principales en función de su gravedad:

  • EDA Tipo 1 (Leve): Se manifiesta con dolores articulares (bends), o bien con alteraciones cutáneas como manchas en la piel rojizas y pruriginosas (piel de naranja) o manchas violáceas de centro blanquecino y dolorosas. Indican una acumulación mayor de burbujas de nitrógeno y la posibilidad de evolucionar hacia una mayor gravedad.
  • EDA Tipo 2 (Grave): Implica una afectación directa de órganos nobles:
    • Sistema Nervioso Central: Parálisis, alteraciones de la sensibilidad, pérdida de control de esfínteres.
    • Sistema Cardio-Pulmonar: Dificultad para respirar, taquicardia o arritmias cardiacas.
    • Oído interno: Vértigo, desorientación, pérdida de audición.
    • Aparato digestivo: Infarto intestinal o dolor abdominal agudo.

Atención a los síntomas inespecíficos: A veces la EDA no avisa con el clásico dolor articular. Un cansancio inusual, confusión, lentitud de ideas, trastornos de la marcha o del habla deben encender todas nuestras alarmas.

⚠️ El consejo del especialista: Ante cualquier síntoma no habitual que aparezca entre los pocos minutos posteriores a la inmersión y hasta 8-12 horas después de salir del agua, consulta inmediatamente con un médico especialista en cámara hiperbárica. Respuestas como «será una alergia al neopreno» o «no pasa nada, descansa y mañana se quita» deben descartarse por completo. Acumular años de experiencia buceando sin problemas o haber hecho una inmersión conservadora no nos vuelve inmunes.

¿Cómo actuar ante la sospecha de una EDA?

Si nos encontramos ante una situación de posible descompresión agudizada:

  1. Administrar oxígeno al 100% al afectado de forma inmediata.
  2. Dar aviso de inmediato a los servicios de emergencia (112 en España / Seguro de buceo).
  3. Trasladar al paciente al hospital más cercano con cámara hiperbárica operativa.
  4. Mantener al buceador bien hidratado (bebiendo al menos 1 litro de agua en 1 hora).

Situaciones especiales que aumentan el riesgo

Existen factores cotidianos y hábitos durante los viajes de buceo que alteran la eliminación del nitrógeno y que a menudo infravaloramos:

1. Vuelos comerciales y otros vuelos

Realizar vuelos comerciales tras varios días de buceo continuado exige respetar los tiempos de desaturación. Aunque no sintamos nada en tierra, al ascender y bajar la presión dentro de la cabina del avión (equivalente a una altitud de entre 750 y 2.400 metros), las microburbujas residuales pueden expandirse y desencadenar síntomas de EDA entre las 48 y 72 horas posteriores. La recomendación en viajes de aventura que incluyan parapente, vuelos en avioneta o viajes en globo es extremar la precaución, ya que estas aeronaves no están presurizadas.

2. La aclimatación previa y el descanso

Llegar a un destino de viaje de madrugada tras horas de coche o avión, deshidratados, cansados y habiendo descansado mal, incrementa enormemente el riesgo de sufrir un incidente en las primeras inmersiones. El cuerpo necesita tiempo para adaptarse y descansar.

3. La ducha de caliente después de bucear

A casi todos nos apetece una buena ducha caliente al salir del agua helada. Sin embargo, la vasodilatación brusca de los vasos sanguíneos cutáneos causada por el agua muy caliente en el tejido subcutáneo y muscular puede provocar una salida masiva de nitrógeno y la formación de macroburbujas en los tejidos y la sangre. Lo recomendable: ducharse con agua tibia o fresquita.

4. Consumo de alcohol

El alcohol influye negativamente tanto antes como después de la inmersión. Altera el comportamiento y la toma de decisiones, pero además deshidrata el organismo y ralentiza el pensamiento. Además, el consumo nocturno previo o posterior favorece la irritación gástrica, aumenta la densidad de los fluidos sanguíneos y altera el correcto lavado del nitrógeno.

Un buen hábito de seguridad para tus inmersiones

No olvides llevar siempre tu ordenador de buceo encendido y a la vista, o consultar las alertas en tu muñeca si realizas actividades en altitud tras sumergirte. Un pequeño margen de seguridad marcará siempre la diferencia para seguir disfrutando del mar con total tranquilidad.

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