La gesta del CRIS: historia y legado del club decano del buceo en España
Nacido en los años cincuenta a partir de la inquietud de un grupo de pescadores submarinos de la APS, el Centro de Recuperación e Investigaciones Submarinas (CRIS) revolucionó la escafandrismo, el rescate náutico y la ciencia marina en nuestro país.
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Para entender cómo el buceo autónomo y la exploración subacuática se abrieron paso en España, es imprescindible viajar a los inicios de la década de 1950. En el seno de la APS (Asociación de Pesca Submarina), un grupo de visionarios comenzó a fascinarse con un nuevo invento que llegaba desde Francia: el Aqualung, la innovadora escafandra autónoma ideada por el teniente de navío J.Y. Cousteau y el ingeniero Émile Gagnan. Aquel regulador permitía algo mágico para la época: permanecer minutos u horas bajo la superficie respirando aire comprimido con total libertad.
A través de los esfuerzos de sus socios, se logró adquirir uno de estos equipos. En 1951 comenzó a gestarse formalmente una entidad dedicada en exclusiva al escafandrismo autónomo, y bajo la redacción de estatutos por parte de Clemente Vidal Solá, nació formalmente en 16 de abril de 1954 el CRIS: Centro de Recuperación e Investigaciones Submarinas.
El nombre, como curiosidad relatada por el propio Clemente Vidal, rendía homenaje al célebre puñal de aventuras que popularizara el escritor Emilio Salgari en sus novelas.
Héroes del mar: rescates y labor humanitaria sin precedentes
En una época en la que las instituciones públicas no contaban con medios ni unidades especializadas de buceo, los miembros del CRIS se convirtieron, de forma totalmente voluntaria, en los únicos capacitados para realizar labores de salvamento y trabajos submarinos de alta complejidad.
Entre sus intervenciones más recordadas destacan:
- El rescate de unos marinos estadounidenses ahogados en el puerto de Barcelona.
- La arriesgada reparación de una compuerta en una presa de los Pirineos catalanes.
- El complejo rescate de los pasajeros del vuelo de AVIACO procedente de Oviedo, accidentado en 1958 cerca de Castelldefels y sumergido a 62 metros de profundidad.
Estas actuaciones se realizaban sin disponer aún de cámaras de descompresión en la zona. Con frecuencia, las empresas proveedoras de material cedían temporalmente equipos para estas emergencias.
Conscientes de esta necesidad, en 1959 el CRIS promovió una suscripción popular para adquirir la primera cámara hiperbárica monoplaza (el célebre «cartucho de recompresión») de uso puramente deportivo y recreativo en España. Años más tarde, en 1965, una nueva colecta pública y un festival benéfico permitieron instalar una cámara multiplaza en la Cruz Roja de Barcelona, creando en 1980 la pionera Unidad Terapéutica Hiperbárica bajo la dirección del Dr. Jordi Desola.

Récords de profundidad y ciencia bajo las olas
El espíritu del CRIS no solo fue solidario, sino intrépidamente explorador y científico:
- Pioneros en récords: En 1953 realizaron la primera exploración en cueva inundada (Rivet del Garraf). En 1954, Eduard Admetlla y Luis María Puyó descendieron a 50 metros en La Falconera. Más tarde alcanzaron los 68 m en Mataró (1955), 86 m en Cartagena (1956) y culminaron el 30 de septiembre de 1957 con el récord mundial de profundidad a 100 metros, logrado por Eduard Admetlla en Cartagena.
- Escuela de buceo: En el verano de su fundación (1954), organizaron el primer curso de buceo en España, formando a 59 alumnos.
- Biología y Arqueología: Su sección de Biología creó en la Costa Brava el Proyecto Escórpora, el primer biotopo submarino de España para refugio de fauna. Asimismo, la sección de Arqueología, dirigida por Federico Foerster, aportó valiosos descubrimientos que hoy custodia el Centre d’Arqueologia Subaquàtica de Catalunya.
- Divulgación: Crearon la revista Cris, Revista de la Mar, la primera publicación periódica especializada en actividades subacuáticas de venta en kioscos de toda España.
Un legado que perdura
En 1982 se inauguró el Casal del CRIS, un complejo lúdico-deportivo a la altura de su gran trayectoria, y en 1985 se fundó su Escuela de Buceo Profesional.
Hoy, al mirar atrás, el CRIS representa los cimientos del buceo moderno en nuestro país. Una historia apasionante escrita por hombres y mujeres que, movidos por la pasión por el azul, abrieron camino para todas las generaciones de buceadores y pescadores submarinos que vinieron después.