“Horrible siniestro; más de 200 muertos”: así se hundió el ‘Titanic’ gallego

En la madrugada del 1 al 2 de enero de 1921, en los Baixos de Meixide, una zona rocosa en la entrada de la ría de Arousa, se abrían paso entre el oleaje parte de una chimenea y un mástil de proa. A su alrededor, un cementerio. Escombros, maletas, baúles y cadáveres. La noche antes, la mayor parte de los vecinos de Sálvora, la isla más cercana, celebraban el año nuevo en los pueblos de Aguiño y Carreira, al otro lado de la ría. Por eso, cuando el transatlántico Santa Isabel se empezó a hundir alrededor de la una de la madrugada, pocos fueron los que escucharon los gritos de los náufragos y acudieron a su rescate. Pocos porque, además, en aquella época el islote de 1,9 kilómetros cuadrados de superficie lo habitaban menos de sesenta personas que trabajaban las tierras de la familia Otero-Goyanes y un farero. Nadie más.

Apenas dos pequeñas embarcaciones de pesca pudieron llegar a tiempo de rescatar a algunos pasajeros. Cuando el vapor Cabo Menor pasó por la zona en su ruta hacia Villagarcía unas horas más tarde, ya no había nadie a quien rescatar. En el puerto de A Coruña, donde esperaban la llegada del buque, se enteraron sobre la hora de comer de que el Santa Isabel “se había perdido”. De las 269 personas registradas a bordo murieron 213, en uno de los accidentes más luctuosos de la historia de la navegación civil española. El ‘Titanic’ gallego, lo llaman.

Interior del Santa Isabel. (Archivo CTE)
Interior del Santa Isabel. (Archivo CTE)

“Escenas horribles”. “Más de doscientos ahogados”. “Un horrible siniestro en la ría de Arosa”. ‘La voz de Galicia’ abrió dos días después su portada con el suceso, del que todavía se tenían informaciones contradictorias. Casi un siglo después, el cine recupera la historia del naufragio: este mes de marzo ha comenzado en Sálvora, San Vicente y O Grove el rodaje de ‘El Santa Isabel’, el primer largometraje de la coruñesa Paula Consprotagonizado por Aitor Luna, Nerea Barros y Darío Grandinetti. El tiempo es el mejor disolvente y hoy, fuera de las costas gallegas, apenas nadie recuerda lo que entonces fue una tragedia nacional.

Este marzo ha comenzado el rodaje de ‘El Santa Isabel’, el primer largo de Paula Cons, protagonizado por Aitor Luna y Nerea Barros

El Santa Isabel hizo su primer viaje en octubre de 1916; apenas aguantó en servicio cuatro años. Era propiedad de la Compañía Transatlántica Española, propiedad del marqués de Comillas, y que lo había mandado construir en los astilleros de la Sociedad Española de Construcción Naval en Matagorda (Cádiz) y matricular en Barcelona como barco de pasaje y carga. Medía 88,85 metros de eslora y tenía capacidad para 460 pasajeros. Sus ocho botes salvavidas tenían capacidad para 390 personas.

Mapa de la zona según 'La voz de Galicia' en 1921.
Mapa de la zona según ‘La voz de Galicia’ en 1921.

Muchos de los pasajeros procedían de Bilbao y Santander y se habían embarcado en dirección a Cádiz para hacer conexión con el Reina Victoria Eugenia que el día 7 partiría hacia Buenos Aires y Montevideo. Como cargamento curioso transportaba además un altar que un devoto gallego mandó a los Padres Misioneros de la catedral de Santa Isabel en Fernando Poo, la actual Malabo (Guinea Ecuatorial).

El choque fue rudísimo, y por esta circunstancia se supone que el boquete que se debió haber abierto en el casco fue enorme

El transatlántico había salido el 30 de diciembre de 1920 del puerto de Bilbao en dirección Santander. De allí había hecho parada en A Coruña, de dónde salió el día 1 de enero en torno a la una de la tarde, tres horas antes de lo previsto, con destino a Villagarcía, primero, y Vigo y Cádiz después. Pero siquiera llegó a Villagarcía. A medio camino el Santa Isabel se encontró con un temporal que le impidió orientarse por los faros de Corrubedo y la isla de Ons. “Un chaparrón fortísimo, una verdadera manga de agua, de esas que ciegan realmente y apenas dejan ver, cayó como una tromba sobre el buque minutos antes de ocurrir el siniestro, a la una y media próximamente, y el barco, abatido por el oleaje, fue a chocar a babor contra las restingas de la isla de Sálvora, situada a la entrada de Villagarcía y próxima a Punta Falcoeira. El choque fue rudísimo, y por esta circunstancia se supone que el boquete que se debió haber abierto en el casco fue enorme”, describió la portada de ‘La voz de Galicia’ del 4 de enero.

Portada de 'La voz de Galicia' del 4 de enero de 1921.
Portada de ‘La voz de Galicia’ del 4 de enero de 1921.

En el momento del impacto, que ocurrió a primera hora de la madrugada, el pasaje dormía. La mayor parte de los viajeros de tercera clase murieron en sus literas. Sobre la 1.30, el capitán Esteban G. Muñiz ordenó abandonar la nave. De los ocho botes salvavidas, sólo pudieron arriarse tres: los dos primeros acabaron estrellados contra la roca por el oleaje, el tercero, el número ocho, consiguió aguantar hasta que los vecinos de la isla de Sálvora los recataron. Algunos de los que decidieron nadar mar adentro para evitar las rocas también resistieron. Sobrevivieron 29 pasajeros y 27 tripulantes, entre ellos el capitán.

De los ocho botes salvavidas, sólo pudieron arriarse tres; los dos primeros acabaron estrellados contra la roca por el oleaje

“Los momentos debieron (sic) ser de una gran angustia, porque se sabe que el transatlántico a la una y media de la madrugada del domingo expidió un radiograma pidiendo socorro repetidamente”, continúa la noticia de ‘La voz de Galicia’. Pero al barco no le dio tiempo a mandar el mensaje completo y en la estación radiográfica de Finisterre sólo supieron que algo le había ocurrido al Santa Isabel, pero ni el qué ni el cómo. “Expidió entonces el radiografista un despacho llamando al buque y preguntándole su situación para poder enviarle los auxilios que demandaba con tal urgencia; pero por más que hizo el funcionario, ya no consiguió que desde el navío le contestasen”.

Las heroínas de Sálvora. (Archivo)
Las heroínas de Sálvora. (Archivo)

De entre las tres pequeñas embarcaciones de pescadores que salieron aquella noche —dos a rescatar a los náufragos y una a dar el aviso en Ribeira— hubo una tripulada por tres mujeres, María Fernández Oujo, Josefa Parada y Cipriana Oujo —de 14, 16 y 24 años, respectivamente— que salvaron a entre 15 y 20 personas, y en tierra, Cipriana Crujeiras, ofreció a los náufragos comida y ropa seca, lo que les valió a todas la Cruz de Tercera Clase con Distintivo Negro y Blanco del Consejo de Estado y la medalla de Salvamento Marítimo.

Sin embargo, la historia del naufragio acabó cayendo en el olvido. En la isla las protagonistas quisieron olvidar aquella noche en la que vieron más gente morir que llegar a tierra firme; a algunos tuvieron que golpearles con los remos para evitar que volcasen la barca. Los vecinos, a quien las malas lenguas —siempre hay malas lenguas— acusaron de ‘raqueiros’, es decir, de quedarse con las pertenencias de las víctimas, también prefirieron dejar atrás aquella noche de Año Nuevo. En las décadas siguientes, la isla se fue despoblando hasta quedar desierta en 1970, y nadie volvió a recordar el suceso hasta que en 1998 el escritor Xosé María Fernández Pazos publicó ‘Sálvora: Memoria de un naufragio‘. y ahora, la película de Cons, cuyo estreno está previsto para comienzos de 2020, pretende hacer justicia y rescatar a su vez a los héroes de la historia de hundirse en la sima del tiempo.

Fuente: elconfidencial

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