El misterio de Amelia Earhart: tecnología nuclear para analizar un enigmático trozo de metal

Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State), en Estados Unidos, ha intentado arrojar luz recientemente sobre uno de los grandes enigmas de la aviación: la desaparición de Amelia Earhart. Reconocida por ser la primera aviadora en cruzar en solitario el océano Atlántico, Earhart se desvaneció sin dejar rastro el 2 de julio de 1937, cuando trataba de dar la vuelta al mundo sobrevolando la línea del Ecuador.
El fatídico vuelo de 1937 Earhart despegó desde Nueva Guinea acompañada de su compañero Fred Noonan. Ambos viajaban a bordo de un avión Lockheed Electra. Sin embargo, los radares perdieron el contacto con la aeronave sobre las aguas del océano Pacífico, a la altura de la isla Howland. Pese a las incansables labores de rastreo, jamás se encontraron ni sus cuerpos ni los restos del fuselaje.
Haces de neutrones para ver lo invisible Para intentar resolver este histórico rompecabezas, el reciente estudio se ha centrado en analizar un panel de aluminio hallado en el Pacífico, profundamente corroído por el océano. El objetivo era confirmar si ese pedazo de metal pertenecía al Lockheed Electra perdido.
El ingeniero Daniel Beck ha liderado a este equipo científico, que ha recurrido a las instalaciones del reactor nuclear Breazeale. La técnica consistió en emplear haces de neutrones —una tecnología comparable a los rayos X, pero con una potencia muy superior— para lograr penetrar la corrosión y detectar detalles ocultos al ojo humano, como restos de pintura o números de serie.
Desde Penn State detallaron el funcionamiento de este escrutinio: «Se coloca una muestra frente al haz de neutrones y una placa de imagen digital se sitúa detrás de la muestra. El haz de neutrones atraviesa la muestra y llega a la placa de imagen, donde se registra y escanea digitalmente una imagen».
Resultados: caracteres borrosos y una nueva hipótesis A pesar del despliegue tecnológico, la investigación no logró demostrar que la pieza metálica fuera parte del avión de Earhart desaparecido en 1937. El Centro de Ingeniería y Ciencias de la Radiación únicamente pudo revelar unas inscripciones borrosas con los caracteres ‘D24’ y ‘335’.
Estos números resultaron insuficientes para identificar la aeronave de forma concluyente. De hecho, la hipótesis principal que ha surgido tras el análisis es que el panel pertenece en realidad a un avión de carga Douglas C-47. A pesar de no resolver el misterio, el equipo subraya que el estudio ha sido de gran utilidad como ensayo para perfeccionar este tipo de pruebas de cara a futuras investigaciones.
