El fantasma radiactivo del mar de Noruega: un submarino soviético hundido sigue goteando radiación

Casi siete años después de los primeros registros realizados en 2019, un nuevo estudio publicado en la revista científica PNAS confirma que el pecio del K-278 Komsomolets, un submarino nuclear de la antigua URSS, continúa emitiendo radionúclidos desde su reactor averiado. A pesar de la alarma que pueda suscitar este hallazgo a 1.680 metros de profundidad en el mar de Noruega, los científicos aseguran que la fuga se diluye rápidamente y no está causando estragos en la fauna marina del entorno.
La tragedia del K-278 Komsomolets La historia de este sumergible es única. Fue el único ejemplar construido de su clase, dotado de un doble casco de aleación de titanio que le otorgaba la capacidad de operar a profundidades extremas para su época. Hoy descansa erguido en el fondo del océano, albergando en su interior dos armas nucleares y un reactor dañado, lo que lo convierte en uno de los restos militares más delicados del lecho marino europeo.
- El fatídico 7 de abril de 1989, un incendio incontrolable en la sección de popa, avivado por una fuga de aire comprimido de una tubería de los tanques de lastre, condenó al navío.
- De los 69 tripulantes a bordo, únicamente sobrevivieron 27.
- El naufragio desató una tragedia humana y una crisis medioambiental y tecnológica que ha exigido una estrecha vigilancia durante décadas.
Esfuerzos de contención y vigilancia actual Tras el desastre, expediciones rusas y soviéticas realizaron múltiples inmersiones con los batiscafos tripulados Mir entre 1989 y 2007 para evaluar y contener los daños. En 1994, ante los indicios de que el agua oceánica pudiera tocar las armas del compartimento de torpedos, se instalaron placas y tapones de titanio para sellar los tubos y las zonas más vulnerables.
En la actualidad, la monitorización recae sobre instituciones noruegas como el Instituto de Investigación Marina y la Autoridad de Seguridad Radiológica y Nuclear de Noruega. Utilizando vehículos operados a distancia en 2019, recopilaron vídeos, datos de sonar y muestras de agua, sedimentos y organismos. Durante estas inmersiones, las cámaras captaron visualmente un escape activo proveniente de una rejilla metálica y una tubería de ventilación.
El origen de la fuga comprobado al detalle Justin Gwynn, científico sénior experto en radiactividad marina, relató a Gizmodo la sorpresa del equipo al observar cómo salía material exactamente por la zona donde las expediciones rusas ya habían detectado problemas en el pasado. Los análisis revelaron que este escape visual coincidía con niveles elevados de radionúclidos liberados.
Para no dejar margen a la duda, los científicos compararon las proporciones de los isótopos de uranio y plutonio extraídos con las firmas características de la antigua flota nuclear soviética, descartando la lluvia radiactiva global u otras instalaciones. Las pruebas demostraron claramente que:
- El material radiactivo emana directamente del reactor del Komsomolets.
- El combustible nuclear de su interior se está corroyendo y degradando con el paso del tiempo.
Un ecosistema a salvo y próximos pasos Afortunadamente, el escenario es mucho más contenido de lo temido. Las muestras de sedimentos y agua no mostraron ningún rastro de plutonio proveniente de las ojivas nucleares, lo que demuestra que los tapones de titanio colocados por Rusia en los años noventa siguen cumpliendo su función. Asimismo, no hay señales de afectación en la vida marina local gracias a la rápida dilución del material en el océano.
Svetlana Savranskaya, experta del National Security Archive (Universidad George Washington), destacó el notable esfuerzo de las autoridades soviéticas y rusas de la época para asegurar el pecio y compartir la información de forma internacional.
Aun así, este silencioso mausoleo nuclear sigue planteando interrogantes. Los científicos ya planean volver al lugar con nuevos sumergibles para descubrir qué mecanismo físico exacto alimenta esta fuga y por qué sus niveles de emisión fluctúan con el tiempo.
