Buzos de O Morrazo retiran hasta 150 kilos de redes fantasma por inmersión

El enemigo invisible de O Morrazo: la lucha submarina contra las ‘redes fantasma’

Bajo las aguas de O Morrazo se oculta una amenaza letal y silenciosa que lleva años cobrándose la vida de la fauna marina. Cabos, nasas, redes y otros aparejos de pesca extraviados descansan en el lecho marino, convertidos en trampas mortales que nadie ve y nadie retira, donde peces y pulpos mueren atrapados. Para hacer frente a esta realidad oculta ha nacido el proyecto Recuperación do Morrazo Somerxido, una iniciativa impulsada por el centro Buceo Rías Baixas.

El origen: de la observación a la acción La idea surgió de la propia experiencia de los buceadores. En sus inmersiones rutinarias, el equipo se encontraba constantemente con basura y artes de pesca abandonadas. Esta escena recurrente los motivó a crear una línea de trabajo para limpiar los fondos y, sobre todo, dar a conocer el problema. «Uno de los objetivos fundamentales de este proyecto es la difusión, no solo el sacar la basura, sino concienciar a la gente de lo que tenemos debajo del agua y que como no lo ven, muchas veces no existe», señala Hugo Albés, responsable de Buceo Rías Baixas.

Evolución del proyecto y apoyo fundamental La iniciativa, que tiene su base en la parroquia canguesa de Aldán, cuenta con el respaldo económico del Plan Social de Ence Pontevedra.

  • Los inicios: Comenzó hace unos años con pequeñas limpiezas de carácter voluntario, pero los altos costes dificultaban su viabilidad.
  • El éxito del año pasado: Al conseguir financiación, el proyecto creció y logró organizar dos grandes limpiezas submarinas con voluntarios en los puertos de Aldán y Aguete. Estas jornadas fueron un éxito de participación masiva y combinaron la extracción de residuos con talleres de reciclaje y exposiciones al aire libre, cerrando así el ciclo de acción, divulgación y reutilización.

La nueva misión: cazadores de redes En su edición actual, el proyecto ha dado un paso más allá para centrarse específicamente en la localización y extracción de «redes fantasma».

Para ello, un equipo reducido —compuesto por dos buceadores y un coordinador de seguridad— patrulla los fondos marinos ayudado por vehículos de propulsión subacuática. Las zonas de rastreo incluyen la ría de Aldán, el entorno de la isla de Ons y la Costa da Vela. Una vez localizados los aparejos, utilizan globos elevadores para subirlos a la superficie.

El botín de chatarra marina es constante. «Cada vez que salimos estamos sacando entre 100 y 150 kilos. Nos tiremos donde nos tiremos, siempre encontramos para llenar», asegura Albés. Todo el material recuperado se lleva a tierra firme para ser pesado, clasificado y finalmente reciclado.

Un accidente con consecuencias a largo plazo Los responsables del proyecto aclaran que el origen de este problema no es la mala fe de los marineros. Estas pérdidas son accidentes provocados cuando los aparejos se enrocan o enganchan en el fondo. «Para el marinero es una pérdida brutal que se le quede una red en el fondo», explica Albés, aclarando que el verdadero problema es que se van acumulando sin que nadie pueda rescatarlas.

Mientras permanecen sumergidas, estas trampas siguen «pescando» de forma perpetua. Los animales quedan atrapados, alterando gravemente el equilibrio del ecosistema. Por ello, la misión de Buceo Rías Baixas no termina en la extracción física de la basura, sino que busca seguir educando a la sociedad sobre esta contaminación invisible que asfixia nuestros mares.

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