El calor invisible de El Niño y la magia del mar de ardora en nuestras rías

Las oscilaciones climáticas globales y las anomalías térmicas asociadas a eventos como El Niño alteran la dinámica oceanográfica de las costas
Al modificar la temperatura superficial del mar y los patrones de viento que regulan el afloramiento costero, estos fenómenos a gran escala influyen directamente en la frecuencia e intensidad de las floraciones de microalgas bioluminiscentes que los buceadores observan a finales de verano.
Aunque el fenómeno de El Niño se origina en el océano Pacífico ecuatorial, sus teleconexiones atmosféricas impactan de forma indirecta en las cuencas atlántica y mediterránea. Los registros oceanográficos demuestran que durante las fases activas de esta oscilación se producen variaciones en la presión atmosférica y en el régimen de vientos dominantes. Esto debilita temporalmente los ciclos habituales de afloramiento (upwelling), que normalmente empujan agua profunda y fría hacia la costa, dando paso a periodos prolongados de calma que elevan la temperatura superficial del mar por encima de sus valores medios estacionales.
Un entorno propicio para la proliferación de dinoflagelados
El aumento térmico y la ausencia de vientos fuertes generan una marcada estratificación de la columna de agua, donde una capa superficial cálida y estable queda aislada de las capas más frías del fondo. Este escenario favorece la reproducción exponencial de dinoflagelados como Noctiluca scintillans. En aguas más templadas y estables, estas microalgas encuentran el entorno idóneo para concentrarse en densidades excepcionalmente altas. La enzima luciferasa, encargada de catalizar la reacción que emite luz azul-verdosa ante el movimiento mecánico, se activa con mayor frecuencia y notoriedad debido a la gran acumulación de organismos por metro cúbico.
Consecuencias en la inmersión
Durante el día, una proliferación intensa puede enturbiar ligeramente las primeras capas de agua y adelantar la penumbra a media tarde. Sin embargo, en las inmersiones nocturnas el efecto visual se amplifica notablemente: cada aleteo o desplazamiento del buceador enciende estelas luminosas mucho más densas y duraderas. Asimismo, el buceador percibe con claridad una termoclina muy marcada, pasando de una superficie inusualmente templada a capas inferiores notablemente más frías en apenas unos metros de descenso.
Observación responsable y lectura del ecosistema
Si bien la mar de ardora constituye uno de los espectáculos más llamativos del buceo a finales de agosto, las concentraciones excesivas impulsadas por años de anomalías térmicas son también un indicador de estrés ambiental en la columna de agua. Cuando estas biomasas decaen, el consumo de oxígeno durante su descomposición puede alterar temporalmente el comportamiento de la fauna bentónica. Monitorear estos episodios y registrar los cambios en la temperatura y visibilidad convierte cada inmersión en una valiosa toma de contacto con la variabilidad del océano.
